Hace tiempo que espero y no llega el mensaje que me salve de la soledad y la angustia.
Miro como la ventanita de mi programa de correos revisa las casillas, pero el mensaje no llega. El mensaje no tiene mensaje, o no tiene mensajero.
Es desilusionante ver que llega de todo, casi cualquier cosa, menos lo que espero que llegue.
Se abren carpetas, se cierran ilusiones. Y el mensaje ese no llega.
Que viagra, que spam, que seminarios o cursos, que chocolates amarillos con sabor a frambuesa. ¡Puros inventos!
Y el mensaje no llega.
Espero, no espero. Miro, reviso, juego, me olvido. Regreso… pero el mensaje no llega.
Cierro la computadora y me voy, porque el mensaje no llega.